EL LARGO VIAJE DE SUPERMAN

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Ahora que Grounded, la nueva historia de Superman escrita por Straczynski empieza a tomar forma, me ha parecido el momento de realizar algunas consideraciones al respecto. Esto no será un típico resumen, sino las impresiones que me está causando esta saga tan diferente. Diferente en un sentido bueno. Pero luego llegaremos a eso.

Recordemos todo lo que ha pasado en los últimos años. Superman las ha pasado realmente canutas, porque no solo ha visto morir a Jonathan, su padre adoptivo, sino que su benigna idea de devolver el tamaño natural a la ciudad de Kandor en la Tierra no pudo haberle salido peor. Preñado de buenas intenciones, nuestro noble Hombre de Acero consideró que el mundo que le había acogido a él, bien podía acoger a otros 100.000 kryptonianos.

Craso error. El mundo no estaba preparado para un choque cultural tan desigual, y las consecuencias de esta breve y convulsa convivencia las hemos podido ir leyendo durante mucho tiempo en todas las colecciones de Superman, que han formado un todo. Se produjeron tensiones que derivaron en incidentes, en idealismos extremos, en conspiraciones, exilios, complots -siempre por ambas partes-, en tragedias, en muertes, en separatismos. Y, en última instancia, culminaron en una guerra que no duró ni dos horas, pero que tuvo un body count -como suelen llamar en el cine de terror a las víctimas de un asesino- realmente escalofriante. Muchos humanos muertos. Muchos destrozos materiales en la Tierra. Y un planeta Krypton desaparecido. Otra vez, Krypton, ahora Nuevo Krypton, explotaba, en una especie de serendipia que demostraba que el destino del planeta parecía estar abocado a un final trágico…

Ahora, tras la guerra, los monumentos son reconstruidos. Las ciudades, levantadas de nuevo. Los fallecidos son llorados y honrados. Y los kryptonianos… ¿qué hacemos con ellos? Tan solo Superman parece seguir contando con el favor del mundo, un mundo que no le ha dado la espalda pese a que su raza casi haya traído el fin de la nuestra. Pero, si bien no le han dado la espalda, sí que le han vuelto el rostro con cierto recelo. Superman está desconectado de la humanidad, en todo el vasto sentido de esta palabra. Para los humanos, él es ahora, más que nunca, un alienígena, palabra que bien puede traducirse de inglés como «inmigrante». Y potencialmente peligroso, además. Alguien que no ha estado en los recientes momentos más oscuros. Alguien que siempre les ha ayudado y a quien ahora miran con preocupación, con resquemor. Como mirarías a tu perro después de que te hubiera sacado los dientes. Lo quieres, sí, pero… ¿confiarías en él? ¿No tendrías ciertas reticencias?

El detonante de la historia Grounded lo vimos en el número especial Superman #700. En él, en el prólogo a este arco argumental que va a durar 12 números de la colección -todo un año editorial-, Superman era abofeteado por una mujer que le reprochaba no haber estado en la Tierra para salvar a su esposo, enfermo de un tumor inoperable en el cerebro que, sin embargo, Superman hubiera podido curar con sus poderes de visión.

Vayamos por puntos. No me sentí cómodo con la lectura de esa parte. Creí que ya habíamos dejado atrás esas historias de Superman -y de Supergirl- en las que se trataba a fondo las consecuencias de que los superhéroes pretendieran ser dioses. «Prohibido inmiscuirse en la historia de los hombres», decía el sabio Jor-El en Superman: The Movie, y qué razón tenía. Ha quedado demostrado hasta la saciedad que los héroes, por más poderosos que sean, siempre pierden a alguien. No pueden salvar a todo el mundo. Y en ese hecho recae una de las principales y más valiosas lecciones de ser un héroe: que nunca, ni siquiera en aras de hacer lo correcto, se puede jugar a ser Dios. No obstante, Superman, bien curtido ya en batallas, queda muy impactado por esa bofetada más psicológica que física que le sacude la desolada y enfadada viuda. Y decide que tiene que reconectar con el mundo, con la gente, con el pueblo. Decide que tiene que recuperar la humanidad, demostrar que no es más alienígena que ellos y que sigue aquí para protegerlos, igual que siempre. Para ello, aterrizará en medio de un campo de béisbol donde juegan unos niños y comenzará a caminar con rumbo indeterminado, emprendiendo un largo viaje en el que recorrerá, según ha afirmado Straczynski, toda América. Zonas ricas y pobres, las afectadas por la crisis, por los problemas cotidianos, por las bandas y las drogas… Un paseo por el país que le acogió y del que ahora, después de los últimos acontecimientos, se siente tan distanciado.

Vamos ahora con las consideraciones. Para empezar, me encanta el título de la saga: Grounded. Literalmente traducido sería «Castigado», en el sentido en el que un padre castiga a un hijo que se ha portado mal. Pero la palabra ground también significa suelo, o tierra (entendida como terreno), así que encontramos un juego de palabras realmente apropiado e ingenioso. Superman se autocastiga al suelo, a caminar, dejando de lado su maravillosa capacidad de volar y recorriendo a pie todo el camino, en un acto de contrición que choca totalmente con los eventos pasados, en los que se autoexilió a Nuevo Krypton. Antes se marchó a las alturas para estar con su pueblo natal; ahora, se ancla al suelo para estar con su pueblo adoptivo.

El estilo de Straczynski puede gustarte o no, pero no cabe duda de que es un guionista excepcional. En tan solo dos números podemos extraer bastantes conclusiones. Sus textos son largos, destilan un cierto humor en algunos momentos (maravillosamente plasmado por el dibujante Eddie Barrows), y el grueso de la historia está bien llevado. Es decir, Superman está recorriendo a pie los Estados Unidos. Es algo aparentemente aburrido, ¿no? Pues Straczynski consigue mantenernos despiertos sin apenas acción, haciéndonos estar pendientes de la historia, de los diálogos que Superman mantiene con la gente que se cruza, de las conversaciones telefónicas con Lois (magníficas y llenas de un humor mordaz y romántico, con ese toque que tanto nos gusta ver a los aficionados del matrimonio Lois-Clark). La crítica social está ahí, pero no parece ser la principal preocupación del argumento. No se ve un esfuerzo por pintar una América radiante, ni tampoco sumida en los malos tiempos. Simplemente es América en el contexto actual. La visita a Detroit, sumamente afectada por la crisis económica, deja patente que no va a haber concesiones, y que Straczynski contará lo que quiera contar. Incluso se permite meterse con el cuestionado final de Perdidos. En pocas palabras, resulta curioso e interesante ver como Superman se está paseando por la verdadera América, y no por el ficticio Universo DC que conocemos. Por supuesto, seguramente su viaje le lleve por ciudades imaginarias como Gotham, Star City, Keystone City o Coast City, pero de momento estamos viendo un periplo mucho más real. Una ficción enmarcada en un escenario y una coyuntura auténticas, aunque, todo sea dicho, la resolución del número 702 es mucho más feliz y facilona de lo que me gustaría. ¿Unos extraterrestres superavanzados son los que tienen que reabrir las fábricas y reflotar la industria del motor? Quizá no es el mejor final para el número, aunque es un agradable golpe de efecto.

En definitiva, ¿me está gustando Grounded? Sí, mucho. Me gusta que no todo en Superman tengan que ser crisis multiterrestres, luchas contra supervillanos y demás zarandajas comiqueras. Me gusta mucho ver a este Superman empeñado en caminar hasta que sienta que su mundo adoptivo y él se han reconciliado, como una pareja que tiene que superar algo desagradable entre ellos. Y sin duda Straczynski es el mejor guionista para tal fin (y Barrows es un gran escudero que está captando a la perfección el tono que las palabras precisan), un guionista algo denso, con tendencia a escribir demasiado, que es lo que esta historia requiere: historia. Veremos a dónde lleva este largo viaje de Superman, pero, de momento, está resultando un placer acompañarle.

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